Rellenos sanitarios clausurados: por qué el riesgo no termina cuando se cierran las puertas
Existe una idea equivocada, pero muy extendida, sobre los rellenos sanitarios: que una vez que se clausuran, el problema ambiental que representaban queda resuelto. La realidad es justo la contraria. La clausura de un relleno sanitario no es un punto final, sino el inicio de una nueva etapa –igual de exigente que la operación misma– que puede extenderse durante años, incluso décadas.

Clausurar no es abandonar
En México, la Norma Oficial Mexicana NOM-083-SEMARNAT-2003 no solo regula cómo debe operar un relleno sanitario: también establece los requisitos que debe cumplir su clausura, precisamente porque cerrar un sitio de disposición final es, en sí mismo, un proyecto de ingeniería. Ese proyecto debe basarse en estudios previos –composición de los residuos, análisis de lixiviados, biogás y agua subterránea, geohidrología, mecánica de suelos, entre otros– y contemplar acciones concretas para evitar que el sitio siga generando impacto ambiental después de dejar de recibir basura.
Entre esas acciones está, por ejemplo, instalar una cubierta impermeable sobre el relleno –comúnmente una geomembrana de polietileno de alta densidad– para evitar que el agua de lluvia siga infiltrándose hacia los residuos y generando más lixiviado del que ya existe. También implica mantener activos los sistemas de captación de biogás, monitorear la calidad del agua subterránea en los alrededores, y dar seguimiento a la estabilidad del terreno durante años.
Cuando todo esto se hace correctamente, un relleno sanitario clausurado puede incluso recuperarse como parque, área verde u otro uso de suelo compatible. El problema es que, en la práctica, esto ocurre con menos frecuencia de la que debería.

Cuando la clausura solo existe en el papel
El riesgo real aparece cuando un sitio se «clausura» únicamente en el sentido administrativo –se coloca un sello, se cierra el acceso– sin que eso vaya acompañado de las medidas técnicas necesarias para controlar lo que sigue ocurriendo debajo de la superficie.
Casos documentados en distintas partes del país muestran justamente ese patrón: sitios clausurados por las autoridades ambientales que, años después, siguen generando contaminación de mantos acuíferos, incendios por acumulación de biogás sin control, e incluso riesgos directos para las comunidades cercanas. En algunos casos, vecinos de sitios clausurados han señalado que los sellos de clausura no bastan para detener el daño ambiental que el sitio sigue provocando.
Esto ocurre porque, a diferencia de un relleno sanitario diseñado desde el inicio conforme a la norma, muchos de los sitios que hoy están clausurados en México nunca contaron con la infraestructura adecuada durante su operación: sin impermeabilización, sin sistema de tratamiento de lixiviados, sin control real de biogás. Clausurar un sitio así no elimina esos pasivos ambientales; simplemente detiene la llegada de basura nueva, mientras el problema que ya está adentro continúa activo.

¿Por qué la degradación sigue después del cierre?
Como platicamos en el artículo anterior sobre lixiviados, la materia orgánica dentro de un relleno sanitario no deja de descomponerse el día que se cierra el sitio. El proceso de degradación puede continuar durante años, generando lixiviado y biogás mucho después de la última tonelada de basura recibida. Por eso la norma exige monitoreo post-clausura: sin ese seguimiento, es imposible saber si el sitio sigue siendo estable o si está generando un impacto ambiental silencioso en su entorno.
Esta es, quizás, la parte menos visible –y menos comprendida– de todo el ciclo de vida de un relleno sanitario: el riesgo ambiental de un sitio de disposición final no se mide solo por cómo se opera, sino por cómo se cierra y por lo que se hace después de cerrarlo.

Un pasivo que los municipios no pueden ignorar
Para un municipio, un relleno sanitario mal clausurado –o clausurado solo de forma administrativa– representa un pasivo ambiental de largo plazo: contaminación de agua, riesgos de salud pública, posibles sanciones de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), y, en algunos casos documentados, conflictos directos con las comunidades que viven cerca de esos sitios.
Evitar este escenario requiere pensar la clausura desde el diseño original del relleno sanitario, no como una ocurrencia de último momento cuando el sitio ya se saturó. Un plan de clausura bien planeado, con estudios técnicos serios y monitoreo real, es lo que determina si un sitio que dejó de recibir basura hace años sigue siendo, hoy, un riesgo ambiental activo o un terreno correctamente saneado.

¿Tu ciudad tiene rellenos sanitarios clausurados de los que ya nadie habla? Vale la pena preguntar qué tan real fue esa clausura: si fue solo un sello en la puerta, o un verdadero proceso de ingeniería ambiental.
Referencias:
El Universal. (2025, 12 de enero). Clausura de rellenos sanitarios no evita daños a ecosistema. https://www.eluniversal.com.mx/metropoli/clausura-de-rellenos-sanitarios-no-evita-danos-a-ecosistema/
Infobae. (2026, 14 de abril). Por tercera vez, Profepa clausura relleno sanitario ilegal en Querétaro. https://www.infobae.com/mexico/2026/04/14/por-tercera-vez-profepa-clausura-relleno-sanitario-ilegal-en-queretaro/
Liner México. (s. f.). Clausura de rellenos sanitarios. https://www.liner.com.mx/captacion-conduccion-de-gases.html
GTA Ambiental. (2026, 18 de junio). Rellenos sanitarios en México: saturación, riesgos y cambios en la gestión de residuos. https://gtaambiental.com/rellenos-sanitarios-en-mexico/
Germen – Remediación de Suelos. (2025, 12 de febrero). ¿Qué esconden los suelos cercanos a los rellenos sanitarios? https://germen.com.mx/blogs/biorremediacion-caracterizacion-de-suelos-due-diligence-ambiental-blog/que-esconden-los-suelos-cercanos-a-los-rellenos-sanitarios

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